EL ARTE DE ACTUAR

Hay determinados momentos en la vida en los que nos vemos obligados a actuar, a veces por necesidad y otras por gusto. Cuando la educación se antepone a la sinceridad, pasamos a situarnos sobre el gran escenario. Luego, una cosa lleva a la otra y lo que empezaba siendo una opinión encubierta, termina siendo un puñado de mentiras. Si es cierto que, cuando se nos pregunta por nuestra opinión, el ser humano tiende a maquillar sus pensamientos, de forma que terminamos diciendo frases innecesarias que nada tienen que ver con lo que pensamos. Pero, si viviésemos en un mundo donde la sinceridad fuese el pan de cada día, y no se dijese ni una sola mentira, ¿quién nos soportaría?

Nunca viene mal convivir con buenos actores de reparto, mentirosos cuando fuera necesario y sinceros cuando se requiera una dosis de realidad. Porque en el siglo en el que estamos, aguantarnos no es tarea fácil, y la escasez de tiempo en nuestra rutina nos ha obligado a discernir entre lo importante y lo irrelevante.

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