TORCIENDO EL PASO

Alarmante despreocupación la tuya,

carente de razón y tacto.

Cuando no callas es en vano

prestar atención a lo que dices.

Acostumbrado está el orgullo

a hablar desde la ignorancia.

Te envuelve y desprotege,

afeándote el rostro sin quererlo.

Cala dentro y es confusa,

cual aguja intravenosa.

 

Ana Martínez

 

 

 

 

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