POR MUCHOS AÑOS

Entre victorias y derrotas perdí la vida,
y no hablo de encontrar la muerte.
Digo que perdí la vida
porque perdí, con ella, el tiempo.

Tiempo que ahora se ha convertido
en levedad de exhalaciones,
en tentaciones relativas a un pasado consumido,
en oportunidades digeridas en el cielo de la boca.

El tiempo ha sido un túnel
construido en el espacio,
un falso subterráneo
de confusas ilusiones.

Quiso equivocarme y, ciertamente, lo hizo.
Para mí pasaban las horas sin cambiar de día, mes o año;
de forma que yo encargaba tartas por pura tradición,
omitiendo el proceso de pedir un deseo en el acto de soplar las velas.

Tenía las arrugas por fieles compañeras;
un claro síntoma del paso del tiempo,
al igual que lo son esos instantes de torpeza,
y esa sequedad en los ojos del que ha vivido por muchos años.

Mi vecina de abajo, que hace enormes pompas de jabón con las metáforas,
dice que lleva un siglo sin verme.
Y yo, que tengo una suerte de casino,
puedo decir que eso es totalmente cierto.

Ana Martínez.

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