DELIRIOS DE GRANDEZA

Viajamos con los pies atados a un abismo
que se enreda a nuestra sombra
gracias -en parte- a ese exceso de tranquilidad
que se reparte en cualquier desalojo por simulacro.

Y luego
nos conmueve el inexplicable miedo
a la claridad de los relámpagos allí arriba

que visten de resplandor algunas noches
que esquivan el escándalo de la tormenta.

Ese temor -incluso- a sucumbir
ante el encanto de unos labios rojos
que susurran frases dulces al oído.

Algo hay escondido ahí fuera que no vemos
algo que subraya varias veces nuestros delirios de grandeza

y nos relega a un ámbito restringido por calificativos despreciables
y nos hace caer cada vez más bajo en los errores por tropiezos simultáneos.

El despropósito de la falta de fiesta en cada esquina
que recuerda a la sequía en el desierto

o la carencia de afecto en los recitales de poesía
o los cortes infectados por el óxido de las cuchillas.

Todas esas imperfecciones de la vida

implícitas en un análisis completo
de inútiles detalles y pretextos comparados.

Dolor común por un cambio camuflado
y ganancia compartida en el momento más preciso

son términos que conmueven por causas distantes

y distancias reducidas a un tiempo exacto en cada espera.

Ana Martínez.

2 comentarios en “DELIRIOS DE GRANDEZA

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