A LA FUGA

La pena insufrible tras una carga humilde
se enreda entera a las ruínas
por las ruedas rotas de unas maletas
que han conocido el mundo de otra forma
que hacen ruido por ciudades olvidadas.

En un ámbito que se sirve de dudas que despeinan
y despedidas que -ojalá- no hubiésemos conocido nunca.
Estamos cerca y cada vez más lejos
como diciembre y enero en años distintos.

Temiendo el vértigo a mirar hacia abajo
o que salgan huyendo esos labios
que mordemos fuerte con los ojos.

Oyentes en mundos opuestos y tan distantes
que -viviendo sus vidas en paralelo-
no saben muy bien cómo afrontar los miedos
o cómo esconder una mentira bajo tierra.

Andamos construyendo nuestra propia pobreza,
pendientes de las horas que aplastamos sobre el estrés de la rutina
cuando nos falta el tiempo en los relojes
y nos pesa el metal de las monedas en los bolsillos.

Cedemos ante el impacto de un suicidio acordado
y normalizamos las situaciones con pastillas
que ya dejaron de tener efecto sobre nosotros.

Luego
en las reuniones
simplificamos la historia
y jugamos con ella hasta romperla
o borrarle los hechos que nos estorban.

Hay poco que hacer ante la informalidad
de cualquier sobremesa familiar
o la de un café con sacarina.
Así que -en esas situaciones-
cruzamos los dedos y las piernas
o nos damos a la fuga.

 

Ana Martínez.

2 comentarios en “A LA FUGA

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