CONDICIÓN HUMANA

Se nos echan encima las mañanas repletas de responsabilidades
con la impaciente incertidumbre de qué pasará más tarde.
Ponemos -por inercia- los dos pies en el suelo
al tiempo que iniciamos esa batalla por mantener los párpados firmes.

Siento que todavía nos falta una lista de sugerencias
para vencer esa pereza intrínseca a las horas tempranas.

Por otra parte
ocurre que uno olvida la condición humana y sus preferencias
en el preciso instante en el que deja atrás su casa
para rodearse de multitudes que caminan como sin darse cuenta.

Entonces
basta con mirar hacia dentro de uno mismo
para percibir -en tercera o más lejana persona-
lo indigestas que resultan las conversaciones desbordando verbos impersonales.

Ana Martínez.

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