NO ES LOCURA

Solías llevar la lluvia a la arena del desierto
y ver La Alhambra desde la ventana del salón.

Luego, me mirabas las rarezas con resignación
hasta convertirlas todas en virtudes de otro mundo

y, mientras tanto, tú fumabas como a falta de urgencia.

Me decías que una caricia a veces es más que suficiente
para decir lo que no se debe, ¿te acuerdas?

Después,
contaminabas el aire de mi cuarto
con ese perfume a poesía recién escrita
y eras capaz de abrazar un poema recitando a Gil de Biedma:

“La dulzura, el calor de los labios a solas
en medio de la calle familiar
igual que en un gran salón, donde acudieran
multitudes lejanas como seres queridos.”

Porque no es locura
-o al menos en tu caso-
esa completa ausencia de juicio que te caracteriza.

Ana Martínez.

4 comentarios en “NO ES LOCURA

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