IMPRESCINDIBLES

¿No crees, amor, que ya es demasiado tarde para arrepentirse?

Yo sé que tú sólo trajiste las ganas
y yo puse otras cosas también imprescindibles.
Imprescindibles como el calor de un domingo del mes de mayo.
Imprescindibles como el abrazo de una madre, aunque sea invierno en este Ártico.
Imprescindibles como la existencia de la propia palabra,
-que en algún momento hizo que nos quisiéramos sólo por la boca.-

La verdad, yo entiendo las circunstancias
y también entiendo que la vida es corta
como la tregua que me das para quererme.

Luego me vienes con las preguntas sin respuesta,
y entonces tú llamas preguntas retóricas a lo que yo llamo echar la culpa.

Sigo sin comprender el significado que tuvo para mí quererte
y jamás entenderé a qué viniste,
ni podré ver tampoco la parte que te llevas de estos años.

Sólo nos falta un poco de fuerza para ponernos las cartas sobre la mesa
sin que nos lluevan las lágrimas en forma de buenos recuerdos
hasta nublarnos la vista.

Ana Martínez.

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