INOCENTES

En la salud y en la enfermedad
como dijo aquel cura sacrílego
que apenas creía en Dios los domingos
cuando daba la misa sin asistir a la Iglesia.

Por entonces ya andábamos destrozando
el vastísimo poema nuestro
de versos incomprensibles
y entorpecidos por el tiempo.

Después de tanto
sentí una muestra de afecto
nacer entre mis labios cohibidos.

Palabras
simples palabras que aniquilan el aire
y cualquier espacio en el que habiten.

Tantas guerras hice y deshice ante tus ojos

demasiado pequeños -por cierto-
para percibir con acierto un detalle.

Por este camino de aparentes dificultades
me esforcé para mostrarte la paz de algún modo creíble

puesto que a uno le exigía entregarse a la duda
el simple hecho de pensar que esa paz existía.

Ya en un futuro muy próximo o vagamente remoto
nos sorprendería la vida con verdaderos conflictos.

A nosotros
que concebíamos cualquier dolor como un síntoma de estar vivos.

A nosotros
que jamás le dimos importancia a los simulacros de incendio.

Ana Martínez.

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