LEYES FAVORABLES

A veces la vida pasa lenta y se entiende muy mal todo lo que digo,
incluso dejas de escuchar cuando repito y repito lo mucho que te quiero.
Ya ha pasado el verano y, después de estos dos meses, que recuerdo
como dos siglos, no tengo nada que contarte. Aunque no lo creas,
ya sé cómo pedirte perdón mirándote a los ojos. Es decir,
he aprendido que el silencio es la mejor forma de disculparme.
Y, entiendo ahora el simple hecho de mirarte a los labios,
como una bonita forma de pedirte permiso.

Yo traté como seres queridos a todas las letras que, bien ordenadas,
forman tu nombre. Y llamé hogar a tu cuerpo, que era precisamente
mi único refugio en aquellos tiempos, repletos de dificultades.
Por entonces, cuando el mundo y la vida me daban la espalda,
me tendiste tus brazos -como suele decirse, desinteresadamente-.
Y yo, agradecida, acepté tu compañía como un regalo que no esperaba.
Pero ahora todo ocurre muy lejos de ti, sin plurales con los que
referirnos a nosotros o, simplemente, sin palabras bonitas que decirnos.

Resulta que hay verdades que duelen, como mentiras descubiertas.
Y, hay en consecuencia, noches repletas de lágrimas y de reproches.
Recuerdo perfectamente cuando éramos adolescentes y,
en la más absoluta intimidad, callábamos por vergüenza
las ganas de besarnos. Desde entonces,
aprovecho mis veinte para cambiar la perspectiva
desde la que miro todas las cosas que veo grises o,
sencillamente, para poder ver aquello que se oculta, todavía.

Ojalá la distancia nos hubiese acercado,
ante el terrible vértigo de alejarnos por los kilómetros.
Que era, como tú y yo sabíamos, lo previsible. Claro que dudo,
cuando el destino me apunta con sus inseguridades y, me advierte
del peligro de buscarte cada noche.

La Real Academia Española define amor como
el sentimiento de afecto, inclinación y entrega
hacia alguien o algo. Pero hay en el amor leyes favorables,
que hacen primero que me quiera y que después acepte los complejos
que me venden con la moda. Y hay personas que admiro
-en alguna parte del mundo- jurándose verdades.
Sin importarles la edad, el sexo, la raza.
Sin importarles la orientación política ni la religión que practican.
Porque al fin y al cabo, cada uno de nosotros
entiende y busca el cariño de maneras tan válidas como distintas.

Ana Martínez

4 comentarios en “LEYES FAVORABLES

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