ENCONTRARTE AQUÍ POR CASUALIDAD

Entre pequeñas dosis de nostalgia, se filtra la vida.
Después de un tiempo, ésta decide devolvernos los residuos sobrantes
en forma de recuerdos. Por si acaso, el cálido lamento de los días
que acaban en tragedia. Entonces todo sucede, con subidas o bajadas,
con pérdidas o ganancias. Pero se olvida, siempre se olvida el motivo
de la lucha, que va más allá de la supervivencia.

Yo misma creé un dios al que rezarle los domingos de resaca,
y -aunque decidí no bautizarlo- lo llamaba por tu nombre. Desde entonces,
la soledad es más soportable. Sin embargo, la resaca suele prolongarse
hasta el día siguiente.

Como cualquier persona que llegue a plantearse su existencia,
tengo dudas. Y, simplemente, llega el día en que las ganas de vivir
entorpecen tu camino. Ahora me parece que todo viene tarde. Esta masa
de dudas que -poco a poco- se deshace con el tiempo. Hundirme en este
mar de fatigada costumbre, que desviste las piedras hasta devolverme
las cenizas. Al fin y al cabo, el paisaje característico de las horas
tempranas, junto a la rutina que estrictamente planifico.

Y es justo ahora cuando me cuestiono la justicia de las cosas
y la vida misma en la pleinitud de su forma. Pienso que -en algún lugar
de este mundo- habrá alguien apoyando la certeza de sus ideales,
aferrándose a una verdad superlativa. Entonces, miro a lo lejos
y ciertamente, no veo nada que merezca la pena, salvo la lejanía
de un campo olvidado que me recuerda lo difícil que sería
encontrarte aquí por casualidad.

Ana Martínez

5 comentarios en “ENCONTRARTE AQUÍ POR CASUALIDAD

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