NOCHES DEL MES DE JUNIO

La aparente fortaleza de vosotros, inocentes veintidós años, que decidís darme la

vida quitándomela a ratos. Mal contadas noches del mes de junio, cuanta ilusión

puse en vosotras queda ahora reducida a un simple juicio sobre una leve

disposición afectiva. Que, el simple sentir oculto de estas emociones renegadas

y mal recibidas, sea puñal y herida que desgarra. Y pensar que el mero hecho

de defender intenciones diferentes invita al buen sentido del tiempo a convertirnos

en desconocidos. Ya la sádica vida se va desvistiendo solitaria en la sombra,

sin entender muy bien de lo que habla, como un lobo salvaje

ofreciendo lecciones de justicia. Al fin y al cabo, está bien que uno espere poco

de la moral que hay tras las leyes que incitan al odio a mansalva y castigan los vicios

más sanos. Si los ricos regalaran a los pobres las cenizas de su miseria,

ellos mismos lo llamarían felicidad.

Ana Martínez

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